martes, 15 de marzo de 2016

Trampa para ratones y encuestas con queso

Publicado el por Juan Carlos Monedero

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Lo peor, siendo muy malo, no es que el gato se coma al ratón. Es un final escrito, sobre todo cuando la desesperación hace perder los nervios. Aun peor es que el ratón se resigne. Porque el gato no solamente se relamerá con la merienda, sino que tendrá la seguridad de que los ratones seguirán, día tras día, generación tras generación, siendo su plato. Por eso, la principal urgencia de los gatos es que los ratones no piensen, no se quejen, no planten cara, no digan que no a ningún gato. Los gatos, que saben que quien cree a un mentiroso no es antepasado de nadie, cuando el engaño arrecia se atusan, se asean con caros perfumes y entonan discursos muy envarados repitiendo que todo lo hacen por el bien de los ratones, que lo que les interesa es, por encima de todo, el bienestar de los ratones, y que hay escuchar, más allá de intereses partidistas, cuáles son los deseos de los ratones. Para seguir comiendo ratones.

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