jueves, 7 de mayo de 2015

Otra vuelta de tuerka

03 may 2015
Pablo Iglesias.

 
En los párrafos más legendarios de sus Quaderni del carcere, Antonio Gramsci reflexionaba sobre las estrategias de guerra de la I Guerra Mundial, posición y maniobra, para entender la política en Occidente. En la política occidental la guerra de maniobra (el asalto) perdería relevancia frente a una compleja guerra de posición en la que el Estado no sería más que la trinchera avanzada del conjunto de fortificaciones de la sociedad civil. La política de la guerra de trincheras es la lucha por la hegemonía. A diferencia de lo que muchos piensan, Gramsci no ideó el concepto de hegemonía, que ya estaba presente en las reflexiones de socialistas rusos que Gramsci conoció, e incluso en algunos textos de la Komintern. Sin embargo, Gramsci fue el primero en entender la hegemonía no como la necesidad de las organizaciones socialistas de liderar a sectores subalternos distintos a la clase obrera o de aliarse con sectores de la burguesía, sino como el conjunto de mecanismos supraestructurales, sobretodo en un sentido cultural, sobre los que descansa el orden político en las sociedades avanzadas. Gramsci volvió a Maquiavelo, el padre de la política como ciencia del poder, para entender la importancia del consentimiento. Y es que el poder en las sociedades avanzadas no sólo se expresa a través de mecanismos coercitivos, sino predominantemente a través del consentimiento y el consenso.

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