sábado, 19 de abril de 2014

Tomemos un tinto, Gabo



Andaban estos días en Bogotá celebrando al Gabo. Coincidía con el día de la Dignidad de las víctimas, el 9 de abril, cuando asesinó la oligarquía a Gaitán, que era un pueblo, y empezó una balacera que aún no se ha parado.

En la Candelaria, enfrente del Museo de Botero, decoraba la pared una colección de fotos que caminaba por su vida. No faltaba Fidel Castro mirando las montañas y tampoco el ojo morado que le puso Vargas Llosa a su entonces amigo cuando ya era un excelente escritor pero todavía no era un patético autoritario. Tampoco el exilio en México- porque los poderosos que hoy dicen que lloran al Gabo querían matarlo, como le pasó a Mandela, porque sentía con su pueblo-. A España dijo que no iba a venir más porque tratábamos como a animales a lo suyos y les pedíamos visa pese a que ellos siempre nos recibieron con los brazos abiertos. La Real Academia de la Lengua, esa en la que se orinaba Valle Inclán, no dijo nada y calló con ese silencio cobarde tan de los poderosos. Hoy se rasgará las vestiduras con maneras de histrión.