miércoles, 31 de julio de 2013



Conciliación y maternidad 

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Ayer pude asistir a unas conferencias que bajo el título los Derechos Humanos de los niños en España, organizaba la  Asociación para la custodia compartida. Asistí porque mi amiga Prado Esteban presentaba su libro Feminicidio o Autoconstrucción de la mujer. No asistí al total de las conferencias, pero de las intervenciones que presencié me quedó un reposo amargo. No deseo hablar sobre la custodia de los hijos, sino de la tesis sostenida, argumentada y defendida de que en el mundo laboral existe un techo de cristal con el que las mujeres chocamos irremediablemente, sí o sí, por razón de la maternidad. (Cuando llegábamos a este punto, Prado y yo levantábamos las cejas en señal de alerta).  En las declaraciones de los ponentes (mujeres y hombres) se podía apreciar una de las consignas básicas del feminismo oficial que como un mantram hemos escuchado,  asimilado y recitado de forma inconsciente. El trabajo es un derecho de la mujer. La familia es una carga (que hay que repartir).}
 
Permíteme la risa floja. Si levantarse a la siete de la mañana, dejar a los niños en la guardería, regresar agotada ocho o nueve horas después a recogerlos y trabajar en precario por mil euros (o poco más) al mes es un derecho… algo hemos hecho mal. Las mujeres hemos accedido a un mercado laboral masculino sin cuestionar las bases del mismo y arrasando con otros aspectos de nuestra existencia que hemos considerado secundarios.