viernes, 16 de octubre de 2009

Porque la guerra es paz, te damos el Nobel…

Marcos Chinchilla Montes
Trabajador Social


Al principio pensé que era la clásica broma que acompaña a los premios Nobel, como cuando se rumoreaba años atrás, que a George Bush lo iban a designar con el premio Nobel de la paz, teniendo a sus espaldas la muerte de casi un millón de iraquíes, y miles más de agfanos.

Pero la cosa no era broma, era muy seria. Obama, el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos de América, había sido designado para recibir un premio Nobel de la paz, léase bien, no un premio novel. En todo caso, pensé, frecuentemente se juega con las nominaciones de estos premios, se politizan; me resultaba tan afín a los premios Oscar que por lo general terminan premiando cine basura y deformante de la naturaleza humana.

Una rápida revisión de algunos premios Nobel me hizo olvidarme de la gripe que traje de Ecuador: Theodore Roosevelt (1906) quien era abanderado de imaginar a Estados Unidos como una policía internacional, Wilson Woodrow (1919) presidente norteamericano y reconocido intervencionista en Iberoamérica, y nada más y nada menos que Henry Kissinger (1973), destacado guerrerista que trajo muerte y desgracia a Vietnam, y uno de los artífices del las dictaduras del Cono Sur que tantos desaparecidos, muertos y torturados nos dejó. Figuran por ahí los nombres de personas con un currículum muy cuestionado como Simón Peres e Isaac Rabin. En otras palabras, el Nobel de la paz se puede interpretar como un premio a la muerte y a la violencia sembrada por el imperio y sus socios menores.

Si fuera factible entregar un premio Nobel a la paz pos morten, no tengo la menor duda de que Hitler podría recibir uno, así como Hernán Cortes, Ronald Reagan, Pinochet, Videla y el mismísimo Jack el destripador.

Sin lugar a dudas, Obama no tiene ningún parecido con Bush, me resulta una persona inteligente, parece bien intencionado, hasta sincero, incluso el mismo Fidel Castro parece tener un buen criterio de él; pero sigue representando al imperio, y eso supone que no se pueden abandonar los privilegios imperiales que ya se tienen y que se siga recurriendo a la violencia para mantenerlos.

Quienes dictaminaron el premio Nobel de este año, parecen olvidar sin vergüenza alguna, que EUA sigue en su guerra en Irak, mantiene cárceles en Guantánamo, aprueba el golpe de Estado en Honduras, profundiza la guerra en Agfanistán, quiere sembrar de bases militares a nuestra América, socava la revoluciones socialistas bolivarianas, persigue a los migrantes, continua contaminando el planeta de forma escandalosa e irresponsable para garantizar el lucro de sus empresas. De nuevo el máximo tribunal sueco nos da una lección Orwelliana sin precedentes: la guerra es paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza.

Bienvenida esta nueva designación al premio Nobel de la Paz, nos refuerza nuestra indignación, nuestra inquietud, nuestro sentido de historia, nuestro deseo de acabar con este desorden perverso que devora al ser humano y al planeta.

PD. Lo olvide, un premio Nobel de la paz para Charles Manson y La Familia, todavía que están vivos.