miércoles, 23 de septiembre de 2009

Venezolanos vejados en aeropuerto de Madrid

Seis venezolanos que iban a hacer turismo a España están retenidos en un cuarto del aeropuerto de Barajas desde hace 72 horas. No tienen acceso a su equipaje y reciben un trato pésimo de las autoridades.

Lo poco que les dicen es que no llevan los euros suficientes, aunque también alegan que la decisión de no dejarlos pasar es “por culpa de Chávez”. Este diario conversó, vía telefónica, con varios de los venezolanos “encarcelados” en Barajas, como Christian Bueno, quien narró que al bajar del avión de Conviasa fue interrogado. Al decir que llevaba 350 euros, el resto en la tarjeta de crédito y que era de Venezuela, le tacharon el pasaporte y fue pasado al cuarto. Otros, que ya regresaron de la misma experiencia, denunciaron ante el Consulado general en Caracas y el Min-Turismo. El Gobierno exigió explicaciones.
Texto: Yesenia Rincón Castellano

Hasta ayer había seis personas detenidas en el terminal aéreo. Son encerrados días y devueltos al país.

Cuatro días encerrados en una sala con ventana de vidrios blindados, sin vista exterior, hacinados y con la misma ropa de hace más de 72 horas, sin ducharse, ni cepillar sus dientes porque sus equipajes fueron confiscados, al igual que sus celulares, medicamentos, pasaportes y otros documentos.

En esa situación están actualmente cuatro venezolanos en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, más dos muchachas, también venezolanas que se sumaron en la mañana de ayer a la misma agonía que a diario viven unos 70 a 80 sudamericanos, más algún africano y un eventual vietnamita, cuyos sueños de placer en un viaje turístico, no pasan el filtro de Migración, por el pecado de no tener “suficiente dinero” para pisar Europa.

Así lo denunció ayer a este diario, Christian Bueno, de 29 años, quien relató lo que calificó como el “infierno de Barajas”, mediante uno de los tres teléfonos que tienen en la sala de Migración, ubicada en el último piso del terminal aéreo ubicado a 12 kilómetros del centro de Madrid.

Él reside en las residencias California de Caracas, y es un licenciado en Educación que el pasado viernes dispuso pasar una semana en España. Salió de Maiquetía en el vuelo 3010 de Conviasa a las 5:00 de la tarde y llegó al mediodía del sábado a Barajas.

“El infierno” comenzó cuando le preguntaron: ¿A qué viene? , ¿quién lo invitó? , ¿cuánto dinero traes ? , ¿y de dónde vienes?

“Vine de turista. No tengo invitación. Mi efectivo son 350 euros y mil dólares en la tarjeta de crédito”.

Y el último pecado capital: “Vengo de Venezuela”.

Sin ninguna explicación la respuesta fue: “Póngase a la derecha”. ¿Pero por qué? ¿Qué hice? —preguntó Christian— Vas a subir al cuarto piso y allá tendrás un abogado.

“ Me quitaron el celular y con él la posibilidad de llamar a mi familia y amigos, todos los aparatos electrónicos como cámara, ipod, relojes, más el equipaje, medicamentos, el pasaporte y documentos”, denunció Bueno.

Marco Pulido, de 29 años, un técnico dental, que vive en el sector Santa Eduviges del municipio Sucre, cerca de Caracas, también pasó por la misma humillación durante 48 horas la semana pasada y luego fue devuelto a Venezuela, perdiendo hasta 20 mil bolívares en pasajes y reservaciones de hotel.

Recuerda con precisión el área del cautiverio: “El área común —donde están excluidos todos los extranjeros objetados por Migración— es un cuarto de 30 metros cuadrados, con sillas pegadas a las paredes amarillas, donde están los tres teléfonos, un televisor que nadie determina porque cada quien, unos llorando y otros peleando, se ocupan en su tragedia personal. La temperatura estaba a unos 11 º C, que para nosotros es bastante frío, sin acceso al equipaje para buscar ropa de abrigo”.

“La sala tiene entrada a ocho cuartos con cuatro camas cada uno. Pero cuando llegué ya estaban ocupadas por personas que tenían hasta 14 días encerradas. Al pasar el día se fueron retirando y pude sentarme en uno, pero eran unos catres incómodos y poco aseados”.

“Hay un baño para mujer y otro para hombres, cada uno con dos sanitarios y una ducha. Pero ¿cómo nos íbamos a duchar si nos quitaron todo? ”.

Maritza Aguilar, de 51 años, es una ejecutiva de ventas que vive en Valencia y estuvo en el mismo grupo de venezolanos detenidos donde estuvo Marco. Viajaron en el vuelo 1332 de la aerolínea Santa Bárbara, y hacen notar que las personas detenidas sólo fueron los de las aerolíneas venezolanas. Ningún detenido viajó con Iberia.

Aguilar cuenta que en la sala de Migración había seis escritorios, cada uno con un abogado y un policía encargado de reirse de todos los casos, mandarlos a todos a callar y por las noches a dormir. Otros dejaban ver con desparpajo, su xenofobia al decir: “Éso les pasa por elegir a un presidente que les da poco dinero para viajar”. “Los dólares que traen ustedes, siempre son falsos”.

“Nos hacían firmar un documento en el que el pasajero reconoce que está ingresando ilegalmente, para permitirles el regreso a sus países. Le preguntaba a la abogada por qué estaba pasando eso y me respondió: Lamentablemente te tocó”.

Ya de vuelta a Caracas, Maritza cuenta su aprendizaje: “Entendí cuánto daño puede hacer alguien, sólo por juzgar”.

Mientras hoy, Maritza tiene tiempo para la reflexión, Christian y sus otros cuatro compatriotas venezolanos siguen en aquella sala fría.

“No hay vuelos de Conviasa porque supuestamente la aerolínea se declaró en bancarrota. Entonces nos dieron como fecha de retorno, este viernes 25. Si la embajada no nos consigue un vuelo mañana (hoy) serán seis días en el infierno”.