viernes, 18 de septiembre de 2009



Aquella noche se me aparecieron diez años de lluvia, así, sorpresivamente, a la vuelta de un callejón negro y triste. Fue tal mi asombro que ni siquiera tuve tiempo de asustarme y sólo pude maldecir la mala suerte de no poder salvar las tres puertas que me separaban del cobertizo. Y en medio de mi propia tormenta creí divisar la sonrisa eterna de un abuelo lejano que cultivaba geranios en el desierto de Atacama mientras, secretamente, organizaba a los mineros del salitre.

Por: Tito Tricot ::

Nada tiene que ver el texto de Tricot con las ''fiestas'' patrias y el bicentenario fechado caprichosamente 18 de setiembre. Tampoco festejarán los muertos de ayer ni los que se suman al amargo peregrinaje del olvido. La muerte no se reivindica, se padece. Lo escrito, entendemos, fue redactado con el hoy aquí y el mañana en la esperanza, cuando había otra candidata a la Presidencia de Chile. Por eso vale la pena leerlo. Y tal vez preguntarse qué mierdas se celebra.

A los que dudaban y a los que trataron de acallarlo, se les aparecieron diez años de lluvia con un carnaval de luciérnagas que encendíeron la necesidad de un Chile distinto, porque en esta vida de mierda y en este país de mierda, todo es posible.

Aquella noche se me aparecieron diez años de lluvia, así, sorpresivamente, a la vuelta de un callejón negro y triste. Fue tal mi asombro que ni siquiera tuve tiempo de asustarme y sólo pude maldecir la mala suerte de no poder salvar las tres puertas que me separaban del cobertizo. Y en medio de mi propia tormenta creí divisar la sonrisa eterna de un abuelo lejano que cultivaba geranios en el desierto de Atacama mientras, secretamente, organizaba a los mineros del salitre.