domingo, 13 de septiembre de 2009


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13-09-2009

Entrevista con el médico Juan Gervás sobre la gripe porcina



Juan Gérvas es médico de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y El Cuadrón (Madrid). Profesor Honorario de Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, Profesor Visitante de Atención Primaria en Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad (Madrid) y coordinador del Equipo CESCA.

Gérvas es autor de magníficos artículos sobre el tema, absolutamente recomendables en mi opinión, “Ante la gripe A, paciencia y tranquilidad” y Disease mongering by WHO. BMJ. 2009 [letter] http://www.bmj.com/cgi/eletters/339/aug10_1/b3172

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¿Cómo deberíamos llamar a la nueva gripe? ¿Gripe porcina? ¿Gripe A? ¿Gripe H1N1? ¿Es indiferente? ¿Tiene importancia la forma en que la designemos?

La gripe nueva es una gripe porcina. Es decir, la nueva gripe está provocada por un virus que se originó en las granjas de cerdos de EEUU a principio de 1970. Llamarla gripe A conlleva “olvidar” su origen; es tan absurdo como llamarla gripe mejicana, que también lleva a olvidar su origen.

Por supuesto, los nombres tienen significante, como se destaca en “Alicia en el país de las maravillas”. Los nombres no son inocentes. Al elegir el nombre de gripe A estamos olvidando su doble origen, de los cerdos y de EEUU. Además, aunque el virus sea realmente tipo A, el análisis retrospectivo permite pensar que la A se seleccionó como forma de asociar “gripe A” a “gripe Aviar”, las dos con “a” de amenazante, la primera leve y la segunda grave. De hecho, da la impresión que se ha trabajado a fondo para transferir los miedos de la gripe aviar a la gripe A.

Pero este debate sobre el nombre no debería hacernos olvidar el problema de fondo. El problema de fondo es: “¿quién marca la agenda pública política en salud”? Los gobiernos de los países se ven arrastrados por otros poderosos poderes que son los que imponen de facto sus intereses, por encima de la capacidad de decisión de quienes han sido elegidos democráticamente. Se demostró sin dudas con la vacuna contra el virus del papiloma humano (a la que también se le cambió el nombre sin inocencia, para ser “la vacuna contra el cáncer de útero”) y se ha demostrado con la gripe A. La agenda política sanitaria no la marcan los políticos elegidos democráticamente. Son otros, y otros intereses (no los de la población) los que marcan sus pautas y actuaciones.

Ver más: http://rebelion.org/noticia.php?id=91399