sábado, 5 de septiembre de 2009


05/09/2009
AlterNet

Traducido para Rebelión por S. Seguí

Pocas campañas sobre un tema de justicia global son más polarizadoras, incluso explosivas, que el intento de utilizar el boicot, la desinversión y las sanciones internacionales para presionar a Israel a fin de que ponga fin a la ocupación, tras 42 años, de los territorios palestinos.

Pregúntenle a Neve Gordon.

Recientemente, Gordon, jefe del departamento de Ciencias Políticas en la Universidad Ben Gurión y veterano activista por la paz, publicó un desgarrador artículo de opinión en el diario Los Angeles Times, haciendo suyo el llamamiento palestino al boicot, la desinversión y las sanciones (BDS).

Después de oponerse inicialmente a esta táctica, se convenció de su utilidad y escribió que la presión externa "es la única manera de salvar a Israel de sí mismo."

Gordon estaba preparado para una reacción, pero no para la que ha sufrido en las últimas semanas: miembros del parlamento israelí, el Knesset, pidieron su inmediata destitución; el ministro de Educación calificó su artículo de repugnante; y la presidenta de su universidad lo puso a los pies de los caballos, cuando afirmó que invitaba a las personalidades académicas que tengan estos sentimientos a que se busquen un hogar académico y personal en otro lugar. Más tarde, dio a entender que las declaraciones de Gordon podrían constituir un acto de traición. Evidentemente, la estrategia del BDS, que fue parte de la llamada estrategia de Sudáfrica, traza una línea en la arena para muchos que creen que ejercer la presión económica sobre Israel es necesariamente antijudío.

Sin embargo, para sus precursores el BDS es una táctica no violenta que ha demostrado su validez y que puede presionar a Israel para que acate el derecho internacional y así lograr un impacto en un ámbito en que los esfuerzos de diversos gobiernos han fracasado miserablemente.

Ver más: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90982