sábado, 26 de septiembre de 2009


Las medidas adoptadas por el G-20 durante este año han buscado transferir el coste
de la crisis a los sectores populares. (Foto: teleSUR)



A pesar de la retórica grandilocuente de la anterior reunión del G20 y su pompa escenográfica, las medidas adoptadas durante este año por los principales gobiernos del mundo han buscado transferir el coste de la crisis a los sectores populares. La incapacidad para arrancar cambios significativos en las políticas dominantes se explica fundamentalmente por la debilidad de la respuesta social frente a la crisis. El desfase entre el malestar social y el descrédito del actual modelo económico y su traducción en movilización colectiva es claro.
Por: Esther Vivas, Josep Maria Antentas
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Justo cuando se cumple apenas un año del estallido de la "gran crisis" en septiembre pasado, el G20 afronta su nueva cumbre en Pittsburgh. Este tercer round, después de los encuentros de Washington y Londres, llega en medio de una intensa cháchara desplegada por los principales gobiernos acerca del fin de la crisis. El coro de voces es claro: lo peor ya pasó, la recuperación se aproxima y enfilamos la recta final. Asunto concluido. Y dentro de poco tiempo, business as usual. Quizá, en el fondo, la cosa no era tan grave

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