sábado, 5 de septiembre de 2009

Berlusconi y la doctrina del shock


Hubo un tiempo en que no se podía emplear la palabra régimen para hablar de la situación en Italia. Hoy ya se puede. Hubo un tiempo en que no se podía hablar de "golpe de estado" para definir ciertos momentos de la última historia de Italia. Hoy aún sigue sin poderse. Hablemos, pues, de "sustos" de Estado, de "golpecitos" de Estado, o mejor, a la Klein, de shocks de estado.

Italia en los últimos 10 años ha vivido tres shocks de estado. El físico, fue en Génova en 2001: una encerrona programada para acabar con el suflé del movimiento antiglobalización que en aquellos meses inmediatamente anteriores al 11S subía y subía. Y llegó la policía y cargó, mataron a Carlo Giuliani, vejaron y torturaron en Bolzanetto, cometieron la “carnicería mexicana” de la escuela Díaz. Un shock de 72 horas que acabó con el movimiento que se iba haciendo con las calles, con las ciudades, con el mundo.

Luego vino el shock electoral. Abril de 2006. En la noche de las elecciones generales, se sabe que hubo una violación de los sistemas informáticos del ministerio del Interior italiano. La victoria apurada de Prodi fue trampa. Vean la cara del portavoz de la coalición ganadora y comprenderán que algo raro ocurrió: esa cara de susto es la derrota de la democracia, incapaz de denunciar que la han maltratado. Lo contaron Enrico Deaglio y Beppe Cremagnini en dos extraordinarios documentales: Uccidete la democrazia (Maten la democracia) y Gli imbroglioni (Los chanchulleros).

Actualmente estamos en pleno shock mediático. A Berlusconi ya no le basta el control de cinco de las seis cadenas de televisión más varios periódicos y revistas, más una entera editorial. Ahora ataca la prensa crítica y elimina toda voz crítica del tubo catódico, UE incluida.

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