domingo, 9 de agosto de 2009

Zoe Zelaya: 'Los líderes mundiales deben actuar con energía condenando a los homicidas del régimen de facto

En entrevista con teleSUR, la abogada Zoe Zelaya Castro (1977), revela sus intentos por revertir el golpe de Estado, las angustiantes horas entre llamadas telefónicas a las Guardias Presidenciales, al Embajador de Honduras ante la OEA y a la prensa para que denunciaran el secuestro del Presidente Zelaya; también detalla las cifras del combate a la pobreza durante la administración del Poder Ciudadano; finalmente, cuenta lo sucedido en la zona limítrofe entre Honduras y Nicaragua, mientras analiza las consecuencias del régimen de facto.


Zoe Zelaya y su pequeña hija. (Foto: teleSUR)

Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras; desde hace 4 años, y en un ejemplo de honestidad, Zoe Zelaya, hizo una pausa en su ejercicio de litigante: "en nuestro país el accionar de un abogado está íntimamente relacionado -de una u otra forma- con los Poderes del Estado y lo que quería evitar era que se mal interpretara cualquier acción mía, como una forma de injerencia o coacción por parte de la administración de mi padre"; al igual que su hermana Xiomara, Zoe trabajó ad honorem: "Los primeros 6 meses del gobierno del Presidente Zelaya, voluntariamente ayudé a mi madre en la organización de su despacho; creando y poniendo a funcionar una oficina para Atención Social y Gestión de Ayudas"

MC.- En entrevista con teleSUR, Xiomara Castro y Xiomara Zelaya narraron las primeras horas después del golpe de Estado; usted ¿cómo vivió la angustia del 28 de junio?

ZZ.- Estaba junto a mi esposo y mi hija en nuestra casa, todavía dormidos, cuando nos despertó el sonido de los primeros impactos de bala y la llamada de mi hermana, informándonos que los militares estaban disparando afuera de la casa de mis padres, y que ella estaba allí al igual que mi padre. Vivimos relativamente cerca, y eso nos permitía escuchar cada detonación, con la angustia de no saber cómo estaban ocurriendo las cosas. Fueron minutos y segundos eternos, me dediqué cada instante de ese tiempo a realizar llamadas telefónicas para denunciar y poner en aviso lo que estaba sucediendo, después de la primera llamada de mi hermana, pensé que teníamos tiempo para evitar que se consumara el golpe de Estado, localizando algunos periodistas amigos y llamando al canal oficial, para que estos comenzaran a transmitir y se movilizaran hasta la residencia, llamé a pedir refuerzos a la Guardia Presidencial, llamé a la asistente de mi padre para que ella pusiera sobre aviso a los colaboradores, ministros y sectores sociales. Pero en una de las comunicaciones con mi hermana, me informó que ya los militares habían logrado ingresar y que ella estaba escondida dentro de la casa, le pregunté por mi papá y me dijo que no sabía, pero creía que también estaba escondido; todavía se escuchaban las detonaciones, fue el momento con mayor temor por la vida de ellos, junto a mi esposo nos pusimos de rodillas a pedirle a Dios por el bienestar de ellos. Aquí ya no se podía evitar nada y la única arma que teníamos era la denuncia internacional, así que procedí a llamar a nuestro Embajador acreditado ante la OEA, le pedí que avisaran al Embajador ante la ONU, al Departamento de Estado Americano y que comenzaran a llamar a la prensa Internacional, porque en los medios locales era imposible hacer las denuncias.

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