domingo, 30 de agosto de 2009


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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2009
América Latina
El fantasma hondureño acecha a Lugo
Carlos Rivera Lugo
Rebelión/Claridad

Al cumplirse un año de su ascenso a la presidencia de Paraguay, Fernando Lugo ha decidido que ha llegado la hora para poner sobre el tapete el reto supremo de nuestros tiempos: la ampliación y radicalización de la democracia. A esos propósitos ha hecho un llamado para la profundización de la democracia, para hacerla realmente el gobierno de todo el pueblo, para todo el pueblo y, muy particularmente, por el pueblo.

Ya lo sentenció magistralmente el filósofo ginebrino Jean-Jacques Rousseau, en su histórica obra El Contrato Social: "La soberanía no puede ser representada, por la misma razón por la que no puede ser enajenada. Consiste en la voluntad general, y la voluntad no se representa porque, o es ella misma, o es otra; en esto no hay término medio". Más adelante abunda en una crítica a la llamada "democracia representativa" que el liberalismo burgués pretende endilgarnos a partir de su festinado juicio ideológico acerca de la incapacidad del pueblo para autogobernarse: "El pueblo inglés cree ser libre, y se engaña; porque tan sólo lo es durante la elección de los miembros del Parlamento. Después de que éstos están elegidos, ya es esclavo, ya no es nada. El uso que hace de su libertad en los cortos momentos en que la posee, merece por cierto que la pierda".

Los tiempos dan testimonio de un cambio fundamental: la transfiguración de los sujetos y los procesos políticos. La política adviene crecientemente en un proceso decisional en donde el acto de decidir forcejea por constituirse en un acto común que supere los límites estrechos y limitantes de la llamada democracia representativa, sobre todo ante los inefectivos rituales fundados en el principio elitista de la representación y su incapacitación para realmente expresar la voluntad de la comunidad toda. La política de lo común desborda los marcos estreñidos del Estado burgués para ir potenciando progresivamente, desde las experiencias mismas de las luchas del pueblo, un nuevo Estado de hecho, una gobernanza consecuentemente insurgente, pluralista y revolucionaria centrada en el principio alternativo de la autodeterminación.

Ver más: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90669


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