miércoles, 12 de agosto de 2009

Inmortal desde hace 25 años

12/09/2009
Texto: Augusto Cárdenas
www.panorama.com.ve

Foto: MÓNICA GUEVARA
Hoy se celebran las Bodas de Plata de la exaltación al Salón de la Fama de las Grandes Ligas de Luis Aparicio Montiel, el único venezolano en el templo de los inmortales. “Yo quería tener a toda Maracaibo allá”, dijo, leyendo páginas de PANORAMA de ese día.

Hoy se cumplen 25 años de la exaltación de Luis Aparicio a Cooperstown. El zuliano recordó ese momento a PANORAMA.

A Luis Ernesto Aparicio Montiel aún le brillan los ojos cuando recuerda su momento cumbre como pelotero profesional. El 12 de agosto de 1984, hace exactamente 25 años, el ex campocorto tocó el cielo con las manos al ser exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown, Estados Unidos.

Los 18 años que trabajó en Grandes Ligas, con Medias Blancas de Chicago, Orioles de Baltimore y Medias Rojas de Boston, rindieron su fruto, luego de recibir el 84.6% de la votación realizada por los cronistas de Estados Unidos, encabezando la lista de inmortalizados, por delante de Harmon Killebrew (83.1%), Don Drysdale (78.4%), Pee Wee Reese y Rick Ferrell, los dos últimos exaltados por el Comité de Veteranos.

“Como yo fui el que sacó más votos de todos los que estaban allí, me pertenecía a mí la primera fila”, recordó el zuliano a PANORAMA, mientras compartía en Maracaibo con su hijo Nelson y su hermano Rafael. “Cuando me llamaron a mí al podio, que vi la primera fila... Ahí estaba mi señora (Sonia), Carlos Andrés Pérez, que yo lo invité y fue, y mucha gente que me traía gratos recuerdos”.

“Yo quería tener a toda Maracaibo allá”, afirmó. “Me decía, ‘bueno, por lo menos Venezuela tiene un representante en el Salón de la Fama, y es de Maracaibo’”.

Al momento de dar su discurso, corto, pero emotivo, a la primera persona en agradecer fue a su padre, Luis Aparicio Ortega, “El Grande” (“Le doy gracias a mi padre, a quien le debo los secretos que aprendí en la profesión”). “A él (su padre) y a mi tío Ernesto tengo que agradecerles todo”, expresó. “Por eso es que mi nombre es Luis Ernesto. Ellos fueron los que me guiaron desde el principio”.

Aparicio rememora con alegría la gran ovación que recibió al momento de su inducción, que fue superior al resto de sus colegas.

“Te digo una cosa, había tanta gente ahí... Pero cada uno tenía sus fanáticos”, indicó. “Por lo menos había mucha gente de Chicago. Por eso digo que si algún día se me mete el diablo en la cabeza para mudarme a Estados Unidos, tiene que ser a Chicago. Pero a mí es muy difícil que se me meta el diablo en la cabeza”.

Aparicio no paró de estrechar manos, saludar amigos, colegas, y firmar autógrafos durante el acto de Cooperstown. “Había mucha gente. El lobby se puso chiquitito”.

A los 75 años, y con innumerables vivencias gracias a su profesión, Aparicio trata de comparar los mejores momentos que le dio el béisbol.

“Te puedo decir que el último out de la Serie Mundial, cuando fuimos campeones (1963), éso fue del carajo”, aseguró. “El día que conocí a mi señora, que fue en el Yankee Stadium. Fuimos a cenar y a los seis meses nos casamos”.

“Pero ésa (la exaltación a Cooperstown) es una cosa... Figúrate, que uno se sienta entre los mejores... ¡Y tenía que ser un maracucho!”.