domingo, 19 de julio de 2009

Honduras bajo el efecto Aristide

HONDURAS… ARGOS: JULIO 8 DE 2009
xJorge Gómez Barata


Para quienes padecen déficit de memoria es pertinente recordar que no hace mucho un mandatario haitiano, Jean-Bertrand Aristide fue depuesto por militares de su país, reinstalado en el poder por un presidente norteamericano, cuatro años después fue depuesto por otro. Uno fue Bill Clinton, George W. Bush se llamaba aquel que, en el mejor estilo hondureño, al amparo de la noche y a medio vestir lo secuestró y, a punta de pistola, lo subió a un avión desembarcándolo en la República Centroafricana a diez mil kilómetros de distancia.

En las elecciones de 1990, las primeras realmente libres y plurales celebradas en Haití en 186 años fue electo Jean-Bertrand Aristide que obtuvo más del 60 por ciento de los votos. En 1991 un golpe de estado conducido por el coronel Raoul Cédras lo depuso y lo obligó a exiliarse en Estados Unidos.

En uno de sus primeros giros a la izquierda la OEA, lo mismo que la ONU y los Estados Unidos impusieron sanciones económicas al régimen militar. En octubre de 1994, Estados Unidos que había ocupado Haití durante 19 años entre 1915 y 1934, hizo lo que mejor sabe hacer: desembarcó los marines y repuso a Aristide en el cargo. Por primera vez una acción de este tipo apenas fue criticada. Se trataba de una mala acción por una buena causa. De todos modos era un precedente.

En 1996 Aristide fue relevado por vía electoral, regresando a la presidencia cuando en el 2000 fue nuevamente electo hasta que en la madrugada del 29 de febrero de 2004, en medio de un clima de incontenible violencia e inestabilidad, un destacamento de fuerzas especiales norteamericanas, según se afirma enviado por el inefable Colin Powell, se personó en Palacio Presidencial, secuestró al presidente y lo desembarcó en la República Centroafricana, antiguo feudo del dictador Bokasas.

La opinión pública mundial, los gobiernos democráticos, la gran prensa e incluso algunos elementos de izquierda miraron para otro lado y tal vez respiraron aliviados en la creencia de que Aristidi era el problema y no la solución y, aunque hubo algunas protestas, pocas voces se levantaron para condenar un hecho profusamente elogiado en sendos comunicados oficiales del Departamento de Estado norteamericano y su homologo francés el Quai d’Orsay.

Al examinar el ambiguo comportamiento norteamericano respecto a Honduras, es pertinente preguntarse: ¿Dónde está la trampa? Y aunque por momentos pareciera que Estados Unidos esta como el curro en la fiesta, tal vez se trate de una maniobra más elaborada encaminada a dilatar la solución hasta hacer ver que las gestiones de la izquierda latinoamericana han fracasado y presionar luego a los golpistas hasta hacerlos desistir y acreditarse ellos el merito por el restablecimiento de la democracia.

Esa solución blanda pudiera pasar por un ajuste para suprimir a Micheleti, instalar un gobierno de “unidad nacional” que incluyera a Zelaya, realizar las elecciones en la fecha fijada y crear un escenario de final feliz, acorde con las maneras suaves de Obama.

Puede suceder peor y que, por culpa de las maniobras dilatorias norteamericanas, los golpistas logren un mínimo de consolidación y sobrestimen sus fuerzas, dando lugar a un escenario, que aconseje recurrir al estilo Bush, ponga el asunto en manos del Pentágono, promueva la creación de una Fuerza Interamericana de Paz en la OEA o traslade el asunto al Consejo de Seguridad que con el auspicio norteamericano pudiera invocar el capitulo siete de la carta de la ONU y usar la fuerza para echar a los golpistas.

Personalmente no creo que ocurra de la peor manera porque es poco probable que el generalato golpista resista una llamada telefónica del Jefe del Comando Sur pidiéndole, que en nombre de la democracia, ponga orden.

En estos días algunos analistas han acusado de tibio y ambiguo a Estados Unidos y claman porque el presidente exhiba mayor determinación. Tal vez luego esos mismos agoreros sostengan que querían protagonismo gringo pero no tanto. Obama es preferible a Bush pero el imperio es el mismo. Nadie puede pedir que el olmo produzca peras. Este es el caso.